Este espacio es una recolección de lecturas. No tiene perspectiva de crítica sino es un pasatiempo personal.































10 de mayo de 2009

José Emilio Pacheco: -Poeta Invitado de Honor- al 8 Festival Internacional de Poesía en Costa Rica

 

pacheco 

Quién trajo al poema cuando los espacios internos del hombre se extienden, se deshojan, o se mutilan? Solo el poeta sabe su llanura, su desgarre, su respuesta en confesión.

Y Pacheco me dice que sabe quién lo trajo. Lo confiesa porque dentro de su mundo no habla del mundo sino desde su hombre hacia el mundo.

Lo dice en su poema: A quien pueda interesar.

Otros hagan aún el gran poema/los libros unitarios, las rotundas/obras que sean espejo de armonía. A mí solo me importa el testimonio/del momento inasible, las palabras/que dicta en su fluir el tiempo en vuelo. La poesía anhelada es como un diario/en donde no hay proyecto ni medida.

Me convalida el poeta que canta al paso de su vida, sin que su letra sea un proyecto temático porque lo pide una editorial, o sigue un movimiento literario o por trascender en su contexto histórico. Es fiel a sí mismo. Avalo la autobiografía del verbo cuando se transforma en latido exacto de hombre.

Sigue convenciéndome José Emilio cuando dice: En la poesía no hay final feliz./Los poetas acaban /viviendo su locura./ Y son descuartizados como reses/(sucedió con Darío)/O bien los apedrean y terminan/ arrojándose al mar o con cristales/de cianuro en la boca./O muertos de alcoholismo, drogadicción, miseria./ O lo que es peor: poetas oficiales,/ amargos pobladores de un sarcófago/ llamado Obras Completas.

Defiende la oligarquía del libro; el poder de tocar las páginas, olerlas y fatigarse con ellas. Dice:  Si leo mis poemas en público/le quito su único sentido a la poesía:/hacen que mis palabras sean tu voz,,/por un instante al menos.

Que manera de darle espacio al lector de asumir su voz. De decirle el poema ya no me pertenece; tienes la voz del mundo. Y dejarlo ir como un hijo que crece para vivir su historia. Disfrutemos las voces de sus hijos.

 

“YO” CON MAYÚSCULA

(Lamentaciones,7)

 

En inglés <<yo>>, es decir <<I>>,

se escribe siempre con mayúscula.

En español la lleva siempre pero invisible.

<<Yo>> por delante

y las demás personas del verbo

disminuidas siempre.

Por eso que presunción decirle al mundo:

<<Yo soy poeta.>>

Falso: <<yo>> no soy nada.

Soy el que canta el cuento de la tribu

y como <<yo>> hay muchísimos.

Ocupamos el puesto en el mercado

que dejó el saltimbanqui muerto.

Y pronto nos iremos y otros vendrán

con su <<yo>> por delante.

 

BLASFEMA DE DON JUAN EN LOS INFIERNOS

 

-Dios que castigas la fornicación

¿por qué no haces el experimento?

 

INTRODUCCIÓN AL PSICOANÁLISIS

 

Don Segismundo Freud,

tras arduo estudio

descubrió lo que al otro le costó un verso:

el delito es haber nacido.

 

ESCORPIONES

 

El escorpión atrae a su pareja

y aferrados de las pinzas se observan

durante un hosco día o una noche,

anterior a su extraña cópula.

Termina

El encuentro nupcial:

el macho

es devorado por la hembra

que, dijo el Predicador,

es más amarga que la muerte.ª

 

ª Eclesiastés o El Predicador 7, 26.

 

PÀGINA

 

Gracias, mil gracias, todo está muy bien.

Celebro lo que hacen y lo agradezco.

Me gustan mi laptop y mi laser printer.

Pero soy como soy y no son para mí

poemas en pantalla ni a muchas voces

ni con animaciones electrónicas.

Me quedo (aunque sea el último) con el papel.

La página no es, como se dice ahora, un soporte:

es la casa y la carne del poema.

Allí sucede aquel íntimo encuentro

que hace de otras palabras tu mismo cuerpo

y te vuelve uno solo con lo que dicen sus letras.

 

 




Lea más de su obra y proyección poética en este link

4 de mayo de 2009

Edmond Jabés

Este egipcio que vivió en el exilio francés tiene esa línea divisoria entre lo que es un verdadero poema...  en prosa.

Leo en muchos poetas de recientes generaciones y no tan nuevas, fragilidades que intentan seguir los estratos de un poema irregular con una prosa  en su desborde.

Yo misma no lo he logrado con tantas ataduras heredadas. Trato de que esa tarea sea al natural.

Admiro y busco entender de este enigmático escritor, su mezcla armónica entre estilo y profundidad.

A Jabés, lo descubrí, a través de un amigo que sabe leer y rebuscar héroes casi anónimos en nuestra cultura literaria latinoamericana y mundial; puede ser que se husmea dentro de los programas curriculares de las universidades pero no en la  poética popular de quiénes solo buscan buenos  libros de poesía en una biblioteca o librería.

Por eso, inicio esta serie bloguera  de autores invitados con uno de mis poetas favoritos.

Este poema es el resumen de las aguas con que se mueve un libro y las rocas perdurables de sus páginas.

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EL ANTELIBRO II

-En adelante, el libro ocupa el lugar dejado vacante por el libro anterior. Igual que mil espigas de trigo suceden a otras tantas espigas.

-¿Acaso has, como su campo el campesino, de un libro a otro cultivado el silencio?

-Antes y después del vocablo, el silencio, tierra árida, fue nuestro constante afán.

 

¿Está el ruido en el mar o es el mar que está en el ruido?

La roca, bastión del silencio.

¿Dominará el ruido al silencio?

¿Dominará el mar a la roca?

 

Dios atestigua la desaparición de Dios; lo mismo que el vocablo la muerte bajo asistencia del hombre. Y, así, Dios y el hombre coincidan en los pliegues perfilados de la página inmaculada.

¿Es lo que resiste, lo que se me escapa de la muerte? Pero ¿a qué se debe el que yo muera con lo que capto?

El agua acusa con un pliegue su ruptura con el agua.

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Tomado de: El libro de las preguntas.

 

http://amediavoz.com/jabes.htm

12 de marzo de 2009


Lejos de ser un poema… es una gratitud para aquellas mujeres que cada día me inspiran por su valor.


A mi abuela que siempre será espejo de mis actos…


Dicen que la mujer es débil,
yo conozco lo contrario,
he visto su sombra pedalear entre estañones
con su hijo a pecho cabalgando entre basura,
con ojos de río inundado,
con pesares en el labio afrentando platos vacíos
y cunas de tres o cuatro llantos.

Dicen que la mujer es débil,
yo conozco lo contrario,
he visto como la madrugada la adorna
entre carreras de almuerzo y el despertar de los niños,
la miro en pleno vuelo,
abeja que busca miel y nos endulza
aunque el aire sea impasible y la alacena esté vacía.

Yo te admiro mujer,
piel de mi piel,
sexo de mi sexo,
porque me enseñas a dar el siguiente paso,
porque me dices que aún sola
lograste imponer sonrisitas ante el miedo,
porque abrazaste a tus hijos entre luciérnagas
cuando solo sombras titubeaban por la noche,
porque siempre enciendes la cocina con la agüita de canela o manzanilla para el cólico,
por el vendaval de ser mujer y madre,
esencia de aires invencibles.

Sigue tu ruta guerrillera hacia la luna,
no te detengas mujer
ni por la risa inverosímil que te humilla,
o ante el hombre que te usa o te domina,
solo sé mujer -Reina de la noche-,
flor que siempre abre su polen;
tierra de todos;
brizna fresca que se posa y posa entre las hojas para humedecerse.

Dicen que la mujer es débil,
yo soy una de ustedes,
y represento lo contrario.


(Fue creado en el 2008, a las mujeres buzas de Río Azul –Proyecto Manos Amigas- en su graduación después que cerraron el relleno de basura y debieron reiventarse de nuevo)

LA QUE ES




Me dicen mujer de arrebatos, de gubia profunda y de arándano en miel.

Lo soy. Me gusta besar a escondidas.
Tocar la sien de mi deseo.
Que me llamen amante de relámpagos y espaldas.
La apolítica que discute en la palestra los discursos del sol imaginario.
La idealista que no teme ser la arena contradictoria ante el oleaje del racionalismo.
La usurpadora proletaria que duda a veces, si lo de César es del César, o si me deben lo que doy.

Me dicen mujer de insolencias, de roble pionera y de almohadas de pluma.
Lo soy.
Me gusta la parodia del abrazo. Buscar humaredas que saben a dónde llegar porque ni yo misma me encuentro.
La que se persigue lejos, tan adentro del caracol que sigue jugando en sus cavidades.
La que se posa adormitada en la piedra, en un país que nunca atina y en ese juego ocioso de mirar por la ventana.
La que busca el silencio frente a una pecera sucia.
La que nada sus mentiras en medio de burbujas que duelen.
La indolente sin respuestas pero adiestrada a su antojo.