Este espacio es una recolección de lecturas. No tiene perspectiva de crítica sino es un pasatiempo personal.































14 de noviembre de 2012

El derecho a la visibilidad



PRESENTACIÓN DE LA ANTOLOGÍA NICARAGÜENSE "LAS CARTAS SOBRE LA MESA". Antologista Carlos Calero y Carlos Castro Jo.


Decía el crítico y novelista guatemalteco Arturo Arias en su libro Gestos ceremoniales estas palabras en relación con el aislamiento de las letras centroamericanas en el panorama internacional: “Un fantasma recorre la totalidad de la literatura centroamericana: el fantasma de las literaturas invisibles. Una literatura invisible es una literatura que nadie lee, que nadie comenta, con la cual nadie dialogiza, a la cual nadie toma en cuenta, que se muere solitita de pura tristeza”.

Bien este no es el caso, sin duda pero entonces ¿de quién depende su visibilidad? Del crítico o académico, del distribuidor y promotor o del mismo autor?

Creo que todos tienen esa responsabilidad. Y cuando el poeta Carlos Calero me comentó hace ya algunos años, su interés en defender el derecho a ser visible generacionalmente, primero como un proyecto en una página web y ahora como antología, me pareció certero y propositivo. Me invita a recordar mi propia nulidad generacional también radicada en los ochentas.

Algunos estudiosos definieron América Central en función de sus propias necesidades ideológicas, centrándose solo en obras literarias que implicasen liberación política. Desventaja para la literatura que no fuera de el Salvador o Nicaragua. Sin embargo, siempre se asumió como generación de transición. Y contrario a lo que muchos opinan, en casi toda la región centroamericana, sí hubo ruptura y sí hubo generación literaria.

Por supuesto, no se puede negar lo que suscribe la época de los ochentas como los acontecimientos históricos, políticos y económicos que la rodeaban.

Definiendo ya, la particularidad nicaragüense se destaca por su estrecha relación entre política y literatura como lo fue la Revolución Sandinista donde le es conferida a la literatura, una función central en la construcción de la nación, sea en los movimientos guerrilleros como arma cultural para la realización de un proyecto nacional/social o sea como proyecto de gobierno, en donde la literatura se convierte en una institución nacional. Algunos poetas surgen de los talleres de poesía, otros simplemente se silencian.

Lo que sigue, es lo que marca esa ceguera cultural generacional: el fin del proyecto sandinista y de los movimientos revolucionarios pierde también el discurso de la literatura –como arma cultural en la lucha por la liberación– su esfera de dominio: el poeta-guerrillero se convierte en una figura obsoleta por lo que se llega a vivir el final de una ficción, la ficción de la simbiosis entre literatura y política. No obstante, las formas testimoniales mantendrán su significado. Todo eso ocurre al final de los ochentas.

Lo dice el poeta Juan Carlos Vílchez escrito en la Antología: Antes ya lo había anunciado Pessoa y Saramago “la patria es solamente la lengua” tierra de inciertos sonidos que algunas tardes insisten en florecer.

Por eso, se ha hablado de su función de "rescate de la memoria colectiva y la comunicación de la historia oculta" porque también hace falta una nueva lectura del testimonio. Y eso no solo lo hace la narrativa sino también la poesía.

Para salvarnos un poco, digo que si nuestra Costa Rica literaria si bien es cierto no vivió la guerra directamente, pero por la proximidad vivimos todo el conflicto, recibimos también la crisis política y económica de los ochentas que marcaron un hito en la producción literaria centroamericana. El desencanto tocó las puertas de cada país, la violencia, el temor,… hubo un contexto socio cultural de re-evaluación, de desenmascarar, de construir imagen e identidad. Es decir, que existió literatura después de la guerra… para los nicaragüenses y sin tener guerra, para los costarricenses y otros países de la región.

Yo tuve la experiencia de vivir tres años en Nicaragua, después de la Revolución y me preguntaba por qué es un país tan sensible a la cultura y la literatura, cualquiera te declama un verso de Darío, y digo que no es solo producto de sus circunstancias sociales sino que fue un pueblo “alfabetizado” a través de una pluralidad de formas de sensibilización y praxis literarias.

Al leer la antología, sin duda, descubrirán recuentos históricos y vivenciales de la guerra pero también elementos “intimistas”, cotidianos, llenos de familiaridad humana. Voces que nos hacen remorder los labios o besarlos.

Es literatura viva. Es latido generacional. Y si calibramos la calidad por la simple existencia, vamos más allá, no solo existió sino que su rendimiento sigue vivo. Esta antología ya es indudablemente una prueba histórica.

Retomando las palabras de otro poeta de la antología William Valle Picón: Un solo hombre no hace el paraíso. Ahora digo yo, una generación sí lo hizo.



Luissiana Naranjo


Presentación en el Instituto Cultural Mexicano
Poeta y antologista Carlos Calero


Presentadores:Carlos Calero,Luissiana Naranjo y el poeta Mauricio Molina.